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viernes, 3 de febrero de 2012

El Coaching como Arte.


Mi asistencia a diferentes eventos, talleres, cursos, me permite compartir espacio y tiempo con compañeros coaches y mantener conversaciones sobre el momento actual que está viviendo esto que tanto queremos y las posibles evoluciones que el coaching experimentará en los próximos años. Los debates son interesantes y las opiniones diversas y enriquecedoras.
Uno de los temas que siempre sale es la multitud de personas que se están acercando al coaching, unas para conocer eso de lo que últimamente se habla tanto, otras al verlo como una posible salida profesional, otros para vivir un proceso de transformación, …

Que cada vez seamos más, es fantástico. El “¿para qué vienen?" es lo que puede llegar a inquietar. Como en todo, aquello donde se huele a "posible rápido negocio" sirve de reclamo para multitud de personas que quieren sacar partido de ello. Realizan un curso express (en el mejor de los casos) y ponen en su tarjeta la mágica palabra “Coach”. Eso lleva a un intrusismo que no beneficia para nada al coaching. Os puedo garantizar que la realidad es muy distinta.
Estoy convencido que para ser pintor es necesario acudir a una escuela de pintura, donde nos formen en las técnicas de color, de luz, de perspectivas, de mil cosas relacionadas con la pintura para conseguir saber pintar. Sin embargo, el pasar por un curso de pintura, no me hace pintor. A esos conocimientos tendré que añadir que tenga el talento dentro para llegar a ser buen pintor, para convertirme  en artista de la pintura. Para desarrollar el talento es necesario, más formación, práctica, horas y horas de pensar en la pintura y una preocupación casi enfermiza de cómo mejorar cuadro a cuadro.
Opino que en el coaching ocurre lo mismo. Acudir a una escuela de coaching, nos proporciona el título de coach. Sin embargo, debo añadir el talento interno para ser artista del coaching.  Considero que el coaching es un arte. Saber qué pregunta hacer en el momento justo, proteger al coachee en su justa medida, crear la confianza necesaria, saber hasta dónde llega nuestra responsabilidad, realizar nuestro trabajo con humildad, dominar las emociones,  conocer los aspectos éticos de nuestra profesión y llevarlos a la práctica. Vivir un constante desarrollo como coach. Investigando, leyendo, participando en eventos, horas y horas, sesiones y sesiones, conversaciones, supervisiones,…

Sitio, seguramente existe para todos o no. El dónde se coloque a cada uno, el mercado se ocupará de hacerlo. Tendremos coaches de alta gama y coaches de todo a euro. El debate seguirá ocupando momentos de conversación en nuestros encuentros.
Dar brochazos al aire, no me convierte en artista, aunque siípuedo ser pintor. Saber qué trazo  dar y qué color usar  para  llevar al otro a pensar y buscar en su interior, sí me hace artista.

jueves, 19 de enero de 2012

Coaching: ¡¡Deseo necesitar!!


Toma un bolígrafo y escribe en un papel todas las cosas que deseas. No dejes ni una por escribir. Tómate tu tiempo. Sin prisas. Seguro que alguna se queda ahí guardada. Piensa.
¿Lo tienes? Perfecto.
Ahora, escribe al lado todas las cosas que necesitas. Lo mismo que antes, no te olvides de ninguna. Piensa. No tienes prisa. Lo importante ahora es dejar plasmado todas las cosas que necesitas. Escribe todas las cosas que necesitas.
¿Ya? Genial.

Cada vez que hago este ejercicio a mis coachees, se sorprenden de lo larga que es la lista de cosas deseadas y de lo corta, escasa, que es la lista de necesidades. En ocasiones hasta les cuesta escribir algo y suelen decirme: Juanma, si yo tengo de todo. No necesito nada. Otros utilizan la misma lista, cambiando la palabra deseo, por necesito. Por último están los que una vez realizada una larga lista de deseos, al pedirle que escriban la de las necesidades, empiezan a tachar deseos escritos dejándola reducida a menos de tres. Alguno borró la lista de deseos en su totalidad.

Comprobemos qué definición nos da el diccionario de ambos términos:

DESEAR.- “Aspirar con vehemencia al conocimiento, posesión o disfrute de algo”. 
NECESITAR.- “Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida”.

En ocasiones usamos el deseo como medio para alcanzar la felicidad. Deseo tener una casa más grande y cuando la tenga, es cuando verdaderamente seré feliz. Casa, coche, mejor trabajo, más ropa más dinero, más relaciones sociales, el viaje más largo posible…

Si basamos nuestra felicidad en el cumplimiento o no de eso que deseamos, estaremos convirtiéndonos en esclavos de ellos. Si por el contrario, nuestra actitud es si se cumple me alegro y si no buscaré otras opciones, no nos lo jugamos todo a una única carta.

Como seres humanos necesitamos aire para respirar, comida para alimentarnos, ejercicio para nuestros músculos, dormir para descansar, amar y ser amados. Estas son las necesidades básicas. Con ellas cubiertas podemos vivir. Analizando bien cuáles serían las necesidades mínimas para vivir, serían estas.  No precisamos de más. Existen personas que son altamente felices cuando sienten que sus necesidades básicas están cubiertas. Incluso algunos lo son sin tener todas cubiertas. Mira la cara de algunas personas que aparecen en documentales de países subdesarrollados ¿No te ha extrañado nunca que sonrían con lo poco que tienen?

Las necesidades son finitas, los deseos no conocen límites. Nuestro ego está deseando ser gratificado y los deseos le dan esa recompensa. Al cumplir los deseos estamos alimentando nuestro ego. Cuánto más lo gratificamos, más quiere y eso nos lleva a estar deseando cosas constantemente, sin lograr nunca saciar nuestro ego, sin llegar nunca a lograr esa buscada felicidad.
Si habláis con personas relacionadas con el marketing, os dirán que su trabajo es satisfacer las necesidades del mercado. No comparto del todo esto. Ellos satisfacen o generan nuestros deseos. Y lo digo con conocimiento de causa.

Cuando basamos nuestra felicidad en el tener cubiertas nuestras necesidades físicas comprobamos que nos es más fácil mantenernos en estados de felicidad por más tiempo.  Me permito modificar una conocida frase:
           “No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita”.        

Pensemos también en el ejemplo que transmitimos a nuestros hijos. Los niños son las máquinas perfectas de desear. Son insaciables ¿Cuántos desean algún juguete con unas ganas locas y en el momento que lo tienen, no solo no le hacen caso sino que ya están pidiendo otro? Desde qué punto queremos que crezcan ¿Valorando que sus necesidades están cubiertas y son felices por ello? ¿Desde la ansiedad de sentirse felices en base al cumplimiento de un deseo?

Dibuja ahora una balanza, la típica balanza de la que cuelgan dos platos. Esmérate en dibujarla pues a esa balanza la vas a llamar “Felicidad”. Sí, esa es tu Felicidad.  Pon el nombre encima de ella. Una vez dibujada pongamos nombre a los dos platos. Uno se va a llamar “Deseo” y el otro…efectivamente, el otro le vamos a llamar “Necesidad”.
¿Qué plato pesa más? ¿Deseo? ¿Necesidad?

Si el resultado no te gusta del todo… no te preocupes ¡Ocúpate!Estás a tiempo de cambiarlo. Solo tienes que necesitarlo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Consumismo emocional


¡Ya es navidad!
Siempre marco el inicio de la navidad una vez pasa la semana del gran puente de diciembre. Todo lo que me rodea desprende aroma navideño. Los escaparates de las tiendas muestran sus adornos. Los vecinos cuelgan de sus balcones ese Papá Noel que año tras año intenta escalar la fachada pero que nunca lo logra. Los centros comerciales nos brindan la oportunidad de escuchar sus mejores villancicos una y otra vez. La televisión despliega su fantástico catálogo de perfumes y colonias. Los restaurantes anuncian sus menús especiales para estas fechas. Las personas  llevan sus manos cargadas de bolsas tras pasar una tarde de compras. Los niños miran con ilusión y esperanza ese juguete que tanto desean tener entre sus manos y con el que se convertirán en guerreros del espacio o les permitirá vivir mil y una aventuras.
También, año tras año, miro con asombro aquello que va desapareciendo relacionado con la navidad. Cada vez recibo menos felicitaciones navideñas por correo. Ahora han sido sustituidas por un correo electrónico impersonal y que me felicita la navidad en múltiples idiomas. Ya no recibo llamadas telefónicas de amigos o familiares deseándome Feliz Navidad, ahora se lleva el mandar un sms o hasta eso ha desaparecido, te lo ponen en Facebook o te manda un whatsapp (espero haberlo escrito correctamente). Las reuniones familiares se ven como una obligación, en vez de vivirlas como un momento de compartir y disfrutar de la presencia del otro. Ya no existe en muchas casas la  bandeja llena de dulces navideños, para ofrecer a las personas que nos visiten  ¿Y el aguinaldo? Preguntad a los pequeños si saben qué es eso.
En los tiempos actuales para considerar que una navidad ha sido verdaderamente feliz tenemos que esperar a hacer balance de los regalos recibidos. A eso tenemos que restarle los regalos entregados y comprobar qué resultado nos da.

Creo que los reyes magos cuando ahora nos miran, se sorprenden de lo que ven.

¿Dónde está la navidad que yo disfruté de pequeño? Tengo claro que desapareció según fui creciendo y que no volverá nunca.
Sin embargo me resisto a pensar que la navidad hoy tan solo es un período donde consumir sin más. Buscando tener ese teléfono nuevo, o perfume, o zapatos, o ese último aparato tecnológico. Eso que estamos seguros que nos permitirá alcanzar la felicidad. Sin embargo, pasadas tres semanas ocupará un lugar más de nuestro armario y compartirá espacio dentro del fantástico museo que vamos construyendo de objetos que no consiguieron hacernos felices más allá de 15 días.

Los medios de comunicación nos dicen que se espera que el consumo medio estas navidades sea de unos 179€ por hogar frente a los más de 374€ que se gastaron en las navidades del año 2.007 (último año antes de la crisis). El no poder adquirir los productos que se desea genera ansiedad a muchas y nos lleva a meternos en un estado de tristeza.
Por favor, no entremos en ese juego. Por una vez decidamos nosotros. La navidad es un período para consumir. Siempre ha sido el momento del año que más se ha consumido. Yo este año consumiré. Quiero ser el máximo consumidor del mundo. La elección está en cada uno de nosotros. Yo digo públicamente que SÍ quiero consumir al máximo en Navidad. Yo SÍ voy a consumir en Navidad y voy a invertir todo lo que tengo en ella.

Empecemos por felicitarla a todo el que se nos cruce. Si decides hacerlo, hazlo de verdad, con un abrazo, con una sonrisa, con un verdadero apretón de manos.
Busca a esos amigos que hace tanto que nos ves y en lugar de un sms pasa un rato con ellos compartiendo un café, disfrutando del placer de estar juntos, de tener tantas cosas en común.
Siente que el estar presente en las comidas familiares es muy sano. Muéstrales lo mucho que les quieres y lo agradecido que estás por sentirte querido. Pocas cosas hay más importante en la vida que el tener familia.  Si tienes dudas, llámame y te llevo a un lugar donde muchas personas te dirán lo que darían por tener una familia y sentirse parte de ella.
Emociónate viendo la sonrisa de un niño. Respira y llena tus pulmones de la felicidad que da ser un consumidor emocional. Te advierto,no te engaño, genera adicción. Una vez que lo pruebas no podrás parar.
Canta, Grita, Ríe, Vive, Transmite, EMOCIÓNATE con la navidad y lo que es más importante logra que los demás también se emocionen. Da, sin esperar recibir. Son tres semanas mágicas para dar rienda suelta a las emociones. Olvidemos el consumismo material y gastemos como locos en emociones, seamos consumistas emocionales.  Repartamos pequeñas píldoras de felicidad entre los que nos rodean.

Estoy convencido que cuando terminen las navidades, sentiremos que han sido una de las mejores de nuestra vida.

¿Te apuntas?

martes, 29 de noviembre de 2011

"Johnny culpable"


Según los psicólogos la culpa es la diferencia entre lo que hice y lo que debería haber hecho, entre lo que quiero y lo que debería hacer.
Una de las acepciones del diccionario de la RAE define la culpa como:
Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.

Dice un texto firmado como anónimo que “De noventa enfermedades, cincuenta son producidas por la culpa y las otras cuarenta por la ignorancia”.

Vivir con culpa es vivir preso en la mayor de las cárceles.  La culpa es una de las emociones más  negativas. La culpa nos bloquea. También es una de la que más se usa para manipular a los otros.
En nuestro día a día, existen personas especialistas en buscar culpables. De la misma manera que existen otros que, aun no siéndolo, se autoproclaman como culpables de todo lo que les acontece. Se busca una víctima. Es necesario identificar una cabeza que llegado el momento podamos cortar.

Quiero centrarme en la persona que se carga con todas las culpas. Las asume, las hace suyas. Nos han educado en ser siervos de nuestros amos. Asumir lo que nuestros padres nos dicen desde pequeños. Cargándonos de un montón de culpas. Debemos servir a nuestros jefes y acatar todas sus órdenes y comentarios. 
Existen personas que olvidan lo que sienten, lo que necesitan, simplemente callan. Día tras día llegan a sus oídos mensajes que les provoca un mayor sentimiento de culpa.  Lo que les lleva a bloquearse y con el tiempo a sufrir depresión.

La palabra culpa viene del latín “culpa” (falta, imputación). Los romanos tenían diferentes tipos de culpa.
-          Culpa en la elección
-          Culpa en la prestación de una obligación
-          Culpa por omisión
-          Culpa en la vigilancia
Al mismo tiempo tenían diferentes medios de medir la culpa.
-          Culpa considerada de modo abstracto
-          Culpa considerada concretamente
-          Falta grave
-          Falta leve
Las penas iban de acordes a la falta
-          La ofensa exige una repulsa proporcional
          -          Cuanto mayor es la culpa más grave debe ser la pena
-          Donde no hay culpa, tampoco debe haber pena.
En ocasiones las cortes romanas se equivocaban y proclamaban:
“Ser inocente es el mayor consuelo”.

En cada uno de nosotros está el declararnos “inocentes”.  Podemos  “echar la culpa” a otros, a la situación actual, a la vida que me ha tocado,… Sin embargo, cada persona tiene el poder para liberarse de ese castigo de sentirse culpable.
En el momento que la persona propensa a sentirse culpable de todo, deposita el poder que tiene sobre sus propias emociones en los demás, permite a ellos que terminen controlando cómo se va a sentir o qué es lo que terminará haciendo.

Nadie tiene derecho para ser el dueño de la vida de otro. Nos educan para servir a los demás, para agradar a los otros, para encargarnos responsabilidades que no son nuestras.
De esta manera ¿cómo no escapar a la sensación de culpa?

Es importante tener claro que solo somos responsables de nuestra propia vida, solo somos responsables de nuestras decisiones. Todos tenemos derecho a ser felices y a vivir sin culpa. Como seres humanos tenemos cosas buenas y otras no tanto.  Mira solo las buenas, conecta con ello y sigue adelante.

Libérate de esos mensajes negativos recibidos durante años y que has hecho tuyos, metiéndolos en la mochila y tirando de ellos ¿Alguna vez has soñado en lo cómodo que sería poder hacer el viaje sin ese peso? En tus manos está deshacerte de él.  Vacía tu mochila de culpas, ya sean propias o ajenas, y comienza a vivir.
Disfruta de lo que tienes, de lo que eres.

“La culpa no está en el sentimiento, sino que se halla en el consentimiento”
                                                                                      San Bernardo de Claraval

martes, 22 de noviembre de 2011

The Working Dead

¿Has pensado alguna vez el alto número de personas que acuden a su trabajo todos los días sin saber qué hacer? El porcentaje es altísimo.

Durante años las empresas trabajaron en reducir el número de rotación de su plantilla.
La llegada de la crisis llevó a realizar unos reajustes de la misma con el fin de tener platillas acordes a la situación de cada compañía.

Pero hoy, cuando tenemos 5 millones de personas desempleadas (que no paradas), aparece a la luz una nueva clase de trabajadores. Esas personas que todas las mañanas salen de su casa, llegan al trabajo y cuando encienden el ordenador...se dan cuenta que no saben qué hacer.

Estas personas son las que yo denomino "empleado zombie". Son trabajadores que externamente no muestran síntoma alguno de enfermedad. Pero cuando los analizas bien, te das cuenta que están muertos. No tienen pasión por nada, viven en un estado de desmotivación permanente, no creen en un futuro mejor, vagan de un lado a otro buscando no ser molestados, viven sin interés, dejan pasar los días, dejan pasar su vida.
Lo malo del "empleado zombie" es que se alimenta de carne fresca y al que toca, infecta. Lo que nos lleva a correr el riesgo que el resto de la plantilla se infecte.

Dentro de los "empleados zombies" existen varias clases.

1) Caminantes.- Suelen moverse de forma tranquila y alcanzan su presa acorralándola. Suelen atacar en grupo por lo que con el tiempo es fácil identificarles.
2) Corredores.- Al contrario de los anteriores estos se mueven de forma ágil. Cuando menos te lo esperas lo tienes encima tuya sin posibilidad de escapar. Suelen estar siempre solos y muestran una actitud tranquila, salvo cuando atacan.
3) Químicos.- Los más peligrosos y difíciles de identificar. Son capaces de mutar y mantener una postura humana según le convenga. En ocasiones desarrolla una fuerza sobrehumana. Se extienden con gran facilidad e incluso alcanzan niveles superiores dentro de la organización.

Preguntas que debemos hacernos ¿qué ha llevado a estas personas a convertirse en "empleados zombies"? ¿Cómo piensan las empresas que se pueden encontrar sus trabajadores tras vivir años de contención (cuando no reducción) salarial? ¿Qué puede hacer una persona que se le ha pedido esfuerzo para sacar la empresa hacia delante y no ha recibido ni un reconocimiento por ello? ¿Cómo creen que se pueden sentir personas que han visto cómo han salido por la puerta compañeros suyos y piensan que los siguientes pueden ser ellos? ¿Qué pasión puede tener una persona cuando su jefe es el primero que le intoxica con presión y miedo?

¿Quién es realmente el culpable de la situación? ¿Nos interesa seguir en esta situación? ¿Qué podemos hacer para cambiarla?
Hace años se trabajó para reducir la rotación.  Hoy tenemos en nuestra plantilla empleados que necesitan nuestra ayuda para reconducirles y hacerles ver que hay futuro. Convencerles que es vital que sientan pasión por lo que hacen. Reconocerles su esfuerzo. Hacerles integrantes de un proyecto común.
Me preocupan los 5 millones de desempleados (que no parados). Pero tanto o más me preocupan todas esas personas que están empleadas y que están pasando por una situación crítica ahora mismo. Me preocupan primero por ellas como personas, pero también porque son las que ahora tienen que moverse más que nunca para aportar su grano de arena y salir de la situación que hoy estamos viviendo.